domingo, 28 de julio de 2013

Mi palabra favorita en el mundo

Yo sé que me querés matar, que todo lo que hago complica un poco más las cosas, pero qué caso tiene que me silencie en derrota. Vos sabés cómo soy, impulsivo, hiperactivo, enamorado. Pues ya no es un estado, es una cualidad que se vuelve más y más inherente a mí. Y es que para mí, vos sos simplemente hermosa. Mi palabra favorita en el mundo. Mi siesta de miercoles con las ventanas abiertas y el viento moviendo todos los papeles que dejo en el piso. Mis mejores intentos de cocina. Mis melodías de colectivos y calles de San Telmo. Vos sos las magdalenas mojadas en leche, la albahaca, los sorrentinos de zapallo y queso, los poemas de Ángel Gonzalez y una película de Roberto Benigni. Vos sos Vittoria y yo tu Attilio. Mi palabra favorita en el mundo. Sos la libertad creadora de mis artes, ya te lo he dicho, las frazadas de invierno, los té de arándano, los poemas de Borges cantados por Aznar. Vos, mi palabra favorita en el mundo, la secreta, la prohibida, la tuya.

lunes, 1 de julio de 2013

Todo lo que no entra (mentira) en mis planes.

Madurez

Me jacto de mi inmadurez,
la uso y abuso para jugar,
componer
o escribir.
La necesito para perderme
en mi cabeza,
en mis mentiras
¿pero qué tan mentiras pueden ser?
si son tan puras en mi cabeza
esas mentiras,
tan puras.
Orgulloso porto mi inmadurez,
y canto
y bailo
y me rio de ellos.
Pero justo ahora,
cambio toda mi imaginación,
mis juegos,
mis poemas de nene enamoradizo,
para cargarme de un poco de valentía
-lo que llaman madurez-
y escalar hasta tu casa
y ofrecerte lo que necesitamos:
los abrazos de gol,
las sonrisas de complicidad,
las carcajadas de rememoraciones,
los pañuelitos de papel,
las bufandas,
las confidencias,
básicamente,
ser lo suficientemente valiente
y presentarme de nuevo,
esta vez,
como tu amigo.


Morsa

En desarmarse y sangrar debe estar la respuesta,
en caminar descalzo por Corrientes 6 pm
o en desatornillar las ruedas de la bicicleta.

Para definirse, para desaparecer,
para corroborar lo innecesario pero justo,
para declararse irrelevante.

Ya sabés lo que pienso de las palabras,
de sangrar,
de las innecesarias.

Por dejar de jugar con burbujas
en las medianeras,
en las escuelas
o en la vida.


Maga trucha, Maga falsa

Qué otra cosa queda que la inmensidad entera,
cuando no hay nada, cuando sos tan desconocida.
Podría hablar de tu pésima pronunciación del alemán,
o de tus malos hábitos dentro de un teatro,
o de cómo te gusta coleccionar sobrecitos de azúcar.
No sería nada falaz rememorarte con vestidos a lunares,
que robaste en tu última visita al cielo,
o decir que tus sueños calzan treinta y ocho
y vos cincuenta y seis.
Acaso alguien podría refutarme si les cuento,
de lo excelente que sos haciendo bufandas de pasto y hojas de otoño,
o pintando el Obelisco de distintas tonalidades de blanco,
para que los de siempre no se den cuenta.
Maga trucha, Maga falsa,
qué otra cosa me queda por decirte,
si no sé quién sos o qué estás buscando por acá.
Me queda el universo entero,
un cronopio,
una amistad.


Para vos, lo que quieras

Si a mi me toca
de entre todas las personas del lugar
Si acaso yo debo asomarme
dar un paso y definirte
para hacerme de tu blancura
y declararte a mi antojo
Si a mi me toca
hacerte eso
no te asustes de mi sonrisa
pues no hay nada que me guste mas
que el misterio de tus pasos, tus ojos y tu voz

Si a mi me toca crearte
para que aceptes lo que yo te diera
Te daría este poema
para que vos hagas con él, lo que quieras.


Los tontos

Para qué querría casarme
con una chica más tonta que yo.
De qué me serviría una chica
que se maquille de autoayudas,
si yo quiero un reto semi-suicida,
un desafío constante de la montaña.
Alguien que resuelva los crucigramas
de los nocturnos
y que saque las tonalidades
de los diarios.
Que lea acostada en los árboles,
con constantes preguntas que me desnuden,
que me recuerden insignificantemente yo,
constantemente ya,
metódica e inhumanamente hoy.
Por qué querría una silueta
tosca, dulce o austera,
si no sabe provocarme nuevas melodías.
De qué me servirían labios de trazo grueso,
incesantes, oclusivos atómicos,
si dicen tantas figuritas repetidas
y yo quiero lo que ni idea
y salir a bailar en las plazas
con nuestros vestidos de flores estampadas,
el suyo de lirios
y el mío de todo de margaritas.
Desafiante,
indiscreta,
reflexiva y
modesta,
qué haría yo con una chica
que sigue haciendo,
fundamental y metódicamente,
lo opuesto a lo oído.
Desatormentada,
en silencio,
expectante
y arrolladora.
Que despierte seguridades,
que exija libertades.
Pero el problema, mi buen hermano:
Para qué querría ella casarse
con un chico tan tonto como yo.

lunes, 24 de junio de 2013

Mi esposa.

Mi esposa se llama Daiana, o Belén, o Berenice, o Débora.
No sé, ninguno de esos nombres me llaman. Me gusta Sofía, o Julieta, o Florencia. Me gustan los nombres que empiezan con la letra que me gusta dibujar. La S, la J o la F, por ejemplo, son letras lindas de dibujar. Podría escribir su nombre en todo el banco, en mi cuadernillo, incluso en mi libreta de cuentos. Podría escribirlo en la ventana de mi habitación, o en la ventanilla del tren rumbo a Constitución. Pero no. Mi esposa se llama Daiana o Belén.
He estado con una Berenice una vez, en serio, pero no fue nada agradable. No me molesta decirlo porque ella no entra nunca a mi blog, de hecho no creo que nadie lo haga, puesto que está de vacaciones, nada de lo que pongo tiene valor, si acaso lo que no pongo lo tiene.
"¿Por qué tu esposa se llama así, Gerardo?", te estarás preguntando. Es simple y complicado. Simple porque su respuesta es fácil de presentar, mi papá se llama Flavio, mi mamá Eugenia y mis hermanas Casandra y Abril. Son F, E, C, A y conmigo G. Es decir, son fa, mi, do, la y conmigo sol. En mi vida, me faltan dos notas más, re y si, es decir D y B. Complicado es, porque nunca me enamoré de ninguna chica con esas iniciales (una vez lo hice con una cuyo segundo nombre era Betania y su apellido Boato, pero no cuenta, debe ser el nombre de pila). Peor aún, ni siquiera de las chicas a las que veo o charlo existe siquiera alguna llamada Daniela o Beatriz.
Eso demuestra lo lejos que estoy de encontrar a la chica indicada en mi vida, si llegase a encontrarla. Porque claro, la gente lo niega, piensa que el final de cada uno es encontrar al amor de su vida. Ojo, no me malinterpreten, porque yo creo que para cada persona existe alguien ideal, pero no creo que todos estén destinados a encontrarlo. Creo que cada uno de nosotros conoce a algún familiar o a algún pariente de algún amigo o por lo menos un vecino de por ahí que anda solo, desde hace años, que posiblemente morirá solo o que ya lo hizo. Entonces les pregunto ¿Qué les hace pensar que yo no puedo tener el mismo destino?
Mi esposa no existe todavía y posiblemente nunca lo haga. Porque se tendría que llamar Daiana, o Belén, o Daniela, o Berenice, o Debora o Beatriz. Y a mi me gustan las Soledad, las Julia, las Fiorella.

jueves, 13 de junio de 2013

Vamos de nuevo

Imaginate este mundo
Dos personas y un problema
Que aún no han conseguido encontrarse
Imaginate este escenario
10 millones de personas
Y la necesidad de que todo se dé
Para que estos dos chicos se encuentren
En un boliche, en un café o en un poema

¿Acaso no te cansa ser tomada como una idiota?
Las personas se sienten intimidadas
Por eso te tratan como una nena boba

Imaginate que te cansás de ellos
Y me ves a mí
Que te vengo admirando desde hace años
Que entre 10 millones de personas
Me ves a mí
Que te escribo en secreto
Con fiebre y con dolor de cabeza

¿Acaso tendría alguna oportindad?

sábado, 8 de junio de 2013

6220

Me gusta jugar con los números.
¿Se dice numerología?
Qué sé yo.
Ya no debés entrar a estos pagos.
Ni yo lo hago.
Escribo dos giladas y ni las reviso.
27
Eso da la suma de los números de nuestra fecha de nacimiento.
Del tuyo y del mío.
Sí, re obsesivo.
Pasa que estoy con un parcial hace una semana y no lo quiero encarar.
Y lo entrego el lunes.
Es sobre una película.
En realidad son muchas consignas.
Dos son sobre una película.
De David Lynch.
Tipo groso, deberías mirarte alguna de sus películas.
Son más simples que Bergman o Antonioni.
Pero es del palo.
O casi.
En fin, Una historia ordinaria.
Muy linda.
Yo haría eso.

martes, 4 de junio de 2013

Cuentos universitarios I (esos que no sirven para nada)

Sé que dije que no iba a subir cuentos, pero como estos no van a ir a ningún lado, solo fueron los que tuve que hacer en una materia de la facu, los deposito aqui. Un beso.

Los primeros tres son la misma historia (una de mierda ya que estamos) con distintas herramientas.


Nadie lo va a decir, o nadie lo sabe, que básicamente nos lleva a lo mismo. De todos modos es una verdad, Clara cumple 40 hoy y no tiene pensado decirlo en la oficina para evitar alboroto. Hace unos días que a Marta (que también acaba de ingresar en la empresa) le hicieron el festejo por los 38 y ya los hombres ni se le acercan. Pero Clara es cautelosa, hace dos años que ha vuelto al juego oficialmente (pues claro, desde que tu marido muere por un puñal en la espalda, hasta que saboreas la noticia, das algunas arcadas, la digerís y retomás de nuevo tu búsqueda, lleva tiempo, che), y ha evitado de todas las maneras posibles dar su fecha de nacimiento.
-¡Mi amor, ya llegué! –dice Clara, mientras tira el saco de manera victoriosa, pues el día pasó sin penas- ¿Dónde estás? ¡Ey, Ana! ¡No! ¿Hola? ¡Te dije que no quería ninguna fiesta sorpresa!
Y no la hay. En esa casa no solo se ausentan la torta, los globos y los invitados, también se ausenta Ana, su hija. Clara se desempaña los ojos con la manga de la camisa. “Lo que solemos negar es lo que más anhelamos”, piensa mientras busca en la alacena un paquete de arroz para cocinarse algo.
-¡Sorpresa!
Clara tira arroz a lo recién casados del susto que acaba de recibir por el grito que le llega nuca. Atrás, Ana, con esa sonrisa cómplice de “qué-haríamos-la-una-sin-la-otra” y una torta, que tiene la amabilidad de cargar con solo 4 velitas de colores. Clara sonríe, llorisquea y abraza a su hija, mientras esta trata de colocar la torta en la mesa.
-Qué rica te salió, mi vida.
-Gracias mamá, contame ¿te hicieron festejo en el laburo?
-Ay, no ¿estás loca? Después como hago para que los tipos me den bola ¡Van a pensar que soy su abuela!
-Dejate de joder ¿querés? Hasta podrías salir conmigo a bailar y a conseguir chicos de mi edad.
-Hablando de eso…
-Mierda.
-No insultés ¿Cuándo me vas a traer a un chico a la casa?
-Ay mamá, qué se yo, todavía soy joven, no me jodás.
-A tu edad yo ya te tenía en brazos. No, no me mirés así, no estoy diciendo que te casés con alguien, pero un novio no te vendría nada mal.
-A ver vos cuando te dejás de histeriquear con los hombres y te enamorás de alguno.
-Sí, ya llegará el día. En fin, a la cama, así ese día llega más rápido.
Y llegó, solo que va a tomar tiempo darse cuenta. Clara está ahí, ordenando papeles cuando de golpe lo ve: ni alto, ni bajo, ni gordo, ni flaco y aun así, sobresale del resto.
-Se llama Carlos –dice Marta, como un llamado a la solidaridad al verle la cara anonadada de su colega- 30 años, nunca casado, muy simpático, por lo menos por la charla que tuvimos el otro día en el merendero.
Seguro Marta sigue diciendo otras cosas, pero Clara apenas escucha, deja los papeles y se acerca más y más al hombre de corbatín a rayas y camisa algo arrugada.
-Nunca te vi por acá…
-¿Ah, no? Yo no me he perdido un solo movimiento tuyo. Pero, buen día primero ¿no?
-Uh, perdoname, soy Clara.
-Sí ya sé. Yo soy Carlos.
Clara se encuentra algo avergonzada por su exabrupto, pero Carlos suaviza las cosas con algunas bromas y vuelve a sus tareas. Con el tiempo, se vuelven a encontrar en el merendero, en el ascensor, afuera en la parada del bondi y así.
-Bueno, te toca a vos.
-No, no vale. Vas a pensar que nunca escucho las cosas que me contás sobre vos, pero la verdad es que nunca me contás mucho, Clari.
-Sabía que nunca escuchabas nada de lo que te contaba.
-Esperá, sé que te gusta el café con azúcar, que adorás las medialunas, que sos hincha del rojo y no mucho más. –Carlos se detiene, pues una duda ha hecho escala en su cabeza- Es verdad, no sé cuántos años tenés.
-¿Y para qué querés saber? –dice Clara, que se levanta de un golpe- Mejor me vuelvo a trabajar antes de que me rete Graciela.
Clara se hunde en su escritorio, llena de pena, o de vergüenza, o de la típica unión de ambas.
-¿Qué te pasa? –pregunta Marta, siempre atenta a su amiga.
-Tengo un problema, –dice Clara, que se levanta a ver que no haya nadie cerca para escuchar y se vuelve a Marta- creo que estoy enamorada de Carlos.
-¡No! ¡Y a los dinosaurios los mato un meteorito!
-¡No te burles! ¿No ves que estoy mal?
-Pero cuál es tu problema. Pasás todo el día con él, se llevan muy bien, hacen una pareja hermosa.
-¡Pero le llevo 10 años de diferencia!
-¿Y? Según lo que me has contado, has coqueteado a nenes de 25 años incluso.
-Pero esto es diferente, no me molesta moverme a nenes más chicos, pero Carlos es diferente, estoy realmente enamorada y él jamás va a ver algo en mí.
-Basta, cortala. Tenés el cuerpo de una pendeja y la mente de una mujer, no existe forma de que Carlos o cualquier otro hombre de este planeta, no quiera estar con vos.
A Clara le cuesta, le lleva un par de días llenarse de fuerza y de confianza, pero da el primer golpe:
-Tengo 40 años, por si todavía querías saber…
No deja libertad para ninguna respuesta de su adversario y lanza el segundo golpe:
-¿Te gustaría venir a casa a cenar?
Clara da esos dos golpes contundentes y aun así, cae en el piso:
-Sí, dale, me encantaría.
En el suelo y en plena inconsciencia, Clara está sonriendo.
Horas más tarde, en su casa, comienzan los preparativos de la cena. Madre e hija limpian y ordenan y revuelven y estiran y ponen un poco de albahaca. A pesar de todo lo que ayuda, Ana solo sabe que “va a venir un compañero de trabajo”, pero no tiene ni idea de lo que hay detrás de todo este revuelo.
-Hola, traje vino.
-Hola Carlos, gracias, pasá. Te presento a mi hija, Ana. Ana, el es Carlos, de la oficina.
Carlos saluda y los tres se van a la mesa. Charlan, comen, beben, se rien, vuelven a comer, vuelven a tomar (“pero poco que mañana tenemos que estar temprano allá”) y se despiden.
-¿Y? ¿Cómo estuvo la cena? –pregunta Marta.
-¡Genial! Creo que conectamos muy bien, además se llevó muy bien con Ana, que era la parte más difícil.
Clara sonríe de manera directamente proporcional a lo que Carlos se acerca a ella. Y Clara sonríe mucho durante esos días. Son más las meriendas, las escapadas para charlar, las cenas en casa, todo está saliendo muy bien.
-Carlos –le dice Clara una mañana en la oficina, mientras se seca las palmas que le sudan con su pollera-, vos no sabés lo mucho que me cuesta decirte esto, pero si no lo hago ahora no lo hago más: Te quiero.
-Yo también te quiero y mucho, Clara.
-No, no entendés, yo de verdad te quiero.
-Ah ¿te referís a? Ah ¿Es una broma?
-No, para nada, es lo que siento.
-Clara, querida, vos sabés el cariño que te tengo, pero justamente estoy en algo muy complicado ahora, dame algo de tiempo para saber cómo responderte.
Así pasan algunos días sin decirse nada, pues Clara es una mujer madura y sabe que no debe presionar a Carlos en dar su respuesta.
-¿Por qué tan apurada en irte hoy? ¿Vas a cenar con Carlos?- dice Marta.
-No, esta vez no, Ana me dijo que tiene una noticia para darme, así que me espera en un restaurant.
Afuera del trabajo, Clara sube a un taxi y se maquilla en el camino. Cuando llega al restaurant ella puede ver por el ventanal empañado a su hija y a la figura de alguien, más parecido a un hombre. “¿Me irá a presentar a alguien?”, piensa Clara con una sonrisa de entusiasmo, pero al entrar al lugar, las cosas se ponen confusas.
-¿Carlos? ¿Qué hacés acá?
-Clara, qué bien que ya llegaste, hay algo que te queremos contar.
Clara se sienta y escucha, y escucha, y sus cuerdas vocales se enredan, y escucha, y vuelve a escuchar.
-… y bueno, la verdad es que jamás pensé que ibas a traer a casa a alguien tan maravilloso…
Y escucha.
-… al principio me lo negaba, la diferencia de edad con ella es mucha, vos sabés, pero yo quería acercarme a vos para que vieras que no soy un tipo que se pueda aprovechar, que veas quien soy realmente…
Y escucha.
-… y la verdad es que nos llevamos tan bien. Nos amamos mamá…
Y escucha.
-En fin, a lo que va todo esto es a decirte que… que nos vamos a casar.
Clara se levanta, coloca unas cadenas en cada extremo de su boca y tironea con todas sus fuerzas para fingir una sonrisa y se va de ahí.
Ni Ana, ni Carlos, ni Marta, ni su jefa Gabriela saben algo de Clara, que lleva días en un departamento que tiene sin usar por Caballito.
Pasan algunas semanas hasta que Ana entra a su casa y ve a la sombra de su madre sentada en la parte oscura del sillón del living.
-Estuve mal en irme así hija, perdoname…
-Mamá ¿Qué eso que tenés en la mano?
-Me llevó mucho tiempo aceptarlo, pero decidí enfrentar la realidad. Ustedes están enamorados, Carlos te ofreció su corazón a vos y no a mí…
-Mamá, explicame qué es eso.
-Por eso vine a casa, para hablar con vos y me encontré con Carlos. Hablamos mucho y les di mi bendición. El te da su corazón y yo bendigo ese acto.
Clara se levanta del sillón y se acerca a su hija, de la misma manera que ella lo había hecho hacía 10 años. Ana se queda quieta y ve a su madre más claramente a medida que se acerca al velador que tiene a su izquierda. 
-¿Te acordás cuando le preguntaste a papi a quién quería más, “si a mami o a mí” y papi te respondió que “a mami, porque a ella le entregué mi corazón”? ¿Te acordás lo que le hiciste a papi? –Clara levanta su mano llena de sangre y le entrega algo húmedo, envuelto en un repasador- ¿Te acordás lo que le hiciste a papi y lo que me diste a vos?
Ana recibe el paquete y lo desenvuelve, luego mira a su madre. Ella está inmóvil, sonriendo. Ana se queda callada unos instantes, lleva la mirada a lo que está en sus manos, deteniéndose en cada latido inexistente, en la gotera que tienen todos los relojes. Luego sube los ojos hacía su madre y le devuelve esa sonrisa cómplice de “qué-haríamos-la-una-sin-la-otra”.

*****


-Bueno, pero decidite ¿a quién querés más? ¿A mi mamá o a mí?
-Esa es una pregunta insólita ¡Es obvio que a…
Nadie lo va a decir, o nadie lo sabe, que básicamente nos lleva a lo mismo. De todos modos es una verdad, Clara cumple 40 hoy y no tiene pensado decirlo en la oficina para evitar alboroto. Hace unos días que a Marta (que también acaba de ingresar en la empresa) le hicieron el festejo por los 38 y ya los hombres ni se le acercan. Pero Clara es cautelosa, hace dos años que ha vuelto al juego oficialmente (pues claro, desde que tu marido muere por un puñal en la espalda, hasta que saboreas la noticia, das algunas arcadas, la digerís y retomás de nuevo tu búsqueda, lleva tiempo, che), y ha evitado de todas las maneras posibles dar su fecha de nacimiento.
-¡Mi amor, ya llegué! –dice Clara, mientras tira el saco de manera victoriosa, pues el día pasó sin penas- ¿Dónde estás? ¡Ey, Ana! ¡No! ¿Hola? ¡Te dije que no quería ninguna fiesta sorpresa!
Y no la hay. En esa casa no solo se ausentan la torta, los globos y los invitados, sino que también lo hace Ana, su hija. Clara se desempaña los ojos con la manga de la camisa. En el camino a casa había imaginado que su hija de todos modos estaría en la casa para acompañarla en su cumpleaños: “Lo que solemos negar es lo que más anhelamos”, piensa mientras busca en la alacena un paquete de arroz para cocinarse algo.
-¡Sorpresa!
Clara tira arroz a lo “recién casados” del susto que acaba de recibir por el grito que le llega a la nuca. Atrás, Ana, con esa sonrisa cómplice de “qué-haríamos-la-una-sin-la-otra” y una torta, que tiene la amabilidad de cargar con solo 4 velitas de colores. Clara sonríe, llorisquea y abraza a su hija, mientras esta trata de colocar la torta en la mesa.
-Qué rica te salió, mi vida.
-Gracias mamá, contame ¿te hicieron festejo en el laburo?
-Ay, no ¿estás loca? Después como hago para que los tipos me den bola ¡Van a pensar que soy su abuela!
-Dejate de joder ¿querés? Hasta podrías salir conmigo a bailar y a conseguir chicos de mi edad.
-Hablando de eso…
-Mierda.
-No insultés ¿Cuándo me vas a traer a un chico a la casa?
-Ay mamá, qué se yo, todavía soy joven, no me jodás.
-A tu edad yo ya te tenía en brazos. No, no me mirés así, no estoy diciendo que te casés con alguien, pero un novio no te vendría nada mal.
-A ver vos cuando te dejás de histeriquear con los hombres y te enamorás de alguno.
-Sí, ya llegará el día. En fin, a la cama, así ese día llega más rápido.
Y llegó, solo que va a tomar tiempo darse cuenta. Clara está ahí, ordenando papeles cuando de golpe lo ve: ni alto, ni bajo, ni gordo, ni flaco y aun así, sobresale del resto.
-Se llama Carlos –dice Marta, como un llamado a la solidaridad al verle la cara anonadada de su colega- 30 años, nunca casado, muy simpático, por lo menos por la charla que tuvimos el otro día en el merendero.
Seguro Marta sigue diciendo otras cosas, pero Clara apenas escucha, deja los papeles y se acerca más y más al hombre de corbatín a rayas y camisa algo arrugada.
-Nunca te vi por acá…
-¿Ah, no? Yo no me he perdido un solo movimiento tuyo. Pero, buen día primero ¿no?
-Uh, perdoname, soy Clara.
-Sí ya sé. Yo soy Carlos.
Clara se encuentra algo avergonzada por su exabrupto, pero Carlos suaviza las cosas con algunas bromas y vuelve a sus tareas. Se vuelven a encontrar en el merendero, en el ascensor, afuera en la parada del bondi y así.
-Bueno, te toca a vos.
-No, no vale. Vas a pensar que nunca escucho las cosas que me contás sobre vos, pero la verdad es que nunca me contás mucho, Clari.
-Sabía que nunca escuchabas nada de lo que te contaba.
-Esperá, sé que te gusta el café con azúcar, que adorás las medialunas, que sos hincha del rojo y no mucho más. –Carlos se detiene, pues una duda ha hecho escala en su cabeza- Es verdad, no sé cuántos años tenés.
-¿Y para qué querés saber? –dice Clara, que se levanta de un golpe- Mejor me vuelvo a trabajar antes de que me rete Graciela.
Clara se hunde en su escritorio, llena de pena, o de vergüenza, o de la típica unión de ambas.
-¿Qué te pasa? –pregunta Marta, siempre atenta a su amiga.
-Tengo un problema, –dice Clara, que se levanta a ver que no haya nadie cerca para escuchar y se vuelve a Marta- creo que estoy enamorada de Carlos.
-¡No! ¡Y a los dinosaurios los mato un meteorito!
-¡No te burles! ¿No ves que estoy mal?
-Pero cuál es tu problema. Pasás todo el día con él, se llevan muy bien, hacen una pareja hermosa.
-¡Pero le llevo 10 años de diferencia!
-¿Y? Según lo que me has contado, has coqueteado a nenes de 25 años incluso.
-Pero esto es diferente, no me molesta moverme a tipos más chicos, pero Carlos es diferente, estoy realmente enamorada y él jamás va a ver algo en mí.
-Basta, cortala. Tenés el cuerpo de una pendeja y la mente de una mujer, no existe forma de que Carlos o cualquier otro hombre de este planeta, no quiera estar con vos.
A Clara le cuesta, le lleva un par de días llenarse de fuerza y de confianza, pero da el primer golpe:
-Tengo 40 años, por si todavía querías saber…
No deja libertad para ninguna respuesta de su adversario y lanza el segundo golpe:
-¿Te gustaría venir a casa a cenar?
Clara da esos dos golpes contundentes y aun así, cae en el piso:
-Sí, dale, me encantaría.
En el suelo y en plena inconsciencia, Clara está sonriendo.
Horas más tarde, en su casa, comienzan los preparativos de la cena. Madre e hija limpian y ordenan y revuelven y estiran y ponen un poco de albahaca. A pesar de todo lo que ayuda, Ana solo sabe que “va a venir un compañero de trabajo”, pero no tiene ni idea de lo que hay detrás de todo este revuelo.
-Hola, traje vino.
-Hola Carlos, gracias, pasá. Te presento a mi hija, Ana. Ana, el es Carlos, de la oficina.
Carlos saluda y los tres se van a la mesa. Charlan, comen, beben, se ríen, vuelven a comer, vuelven a tomar (“pero poco que mañana tenemos que estar temprano allá”) y se despiden.
-¿Y? ¿Cómo estuvo la cena? –pregunta Marta.
-¡Genial! Creo que conectamos muy bien, además se llevó muy bien con Ana, que era la parte más difícil.
Clara sonríe de manera directamente proporcional a lo que Carlos se acerca a ella. Y Clara sonríe mucho durante esos días. Son más las meriendas, las escapadas para charlar, las cenas en casa, todo está saliendo muy bien.
-Carlos –le dice Clara una mañana en la oficina, mientras se seca las palmas que le sudan con su pollera-, vos no sabés lo mucho que me cuesta decirte esto, pero si no lo hago ahora no lo hago más: Te quiero.
-Yo también te quiero y mucho, Clara.
-No, no entendés, yo de verdad te quiero.
-Ah ¿te referís a? Ah ¿Es una broma?
-No, para nada, es lo que siento.
-Clara, querida, vos sabés el cariño que te tengo, pero justamente estoy en algo muy complicado ahora, dame algo de tiempo para saber cómo responderte.
Así pasan algunos días sin decirse nada, pues Clara es una mujer madura y sabe que no debe presionar a Carlos en dar su respuesta.

-¿Por qué tan apurada en irte hoy? ¿Vas a cenar con Carlos?- dice Marta.

-No, esta vez no, Ana me dijo que tiene una noticia para darme, así que me espera en un restaurant.
Afuera del trabajo, Clara para un taxi y se maquilla en el camino. Cuando llega al restaurant ella puede ver por el ventanal empañado a su hija y a la figura de alguien, más parecido a un hombre. “¿Me irá a presentar a alguien?”, piensa Clara con una sonrisa de entusiasmo, pero al entrar al lugar, las cosas se ponen confusas.
-¿Carlos? ¿Qué hacés acá?
-Clara, qué bien que ya llegaste, hay algo que te queremos contar.
Clara se sienta y escucha, y escucha, y sus cuerdas vocales se enredan, y escucha, y vuelve a escuchar.
-… y bueno, la verdad es que jamás pensé que ibas a traer a casa a alguien tan maravilloso…
Y escucha.
-… al principio me lo negaba, la diferencia de edad con ella es mucha, vos sabés, pero yo quería acercarme a vos para que vieras que no soy un tipo que se pueda aprovechar, que veas quien soy realmente…
Y escucha.
-… y la verdad es que nos llevamos tan bien. Nos amamos mamá…
Y escucha.
-En fin, a lo que va todo esto es a decirte que… que nos vamos a casar.
Clara se levanta, coloca unas cadenas en cada extremo de su boca y tironea con todas sus fuerzas para fingir una sonrisa y se va de ahí.
Ni Ana, ni Carlos, ni Marta, ni su jefa Gabriela saben algo de Clara, que lleva días en un departamento que tiene sin usar por Caballito.
Pasan algunas semanas hasta que Ana entra a su casa y ve a la sombra de su madre sentada a oscuras en el sillón del living.
-Estuve mal en irme así hija, perdoname…
-Mamá ¿Qué eso que tenés en la mano?
-Me llevó mucho tiempo aceptarlo, pero decidí enfrentar la realidad. Ustedes están enamorados, Carlos te ofreció tu corazón a vos y no a mí…
-Mamá, explicame qué es eso.
-Por eso vine a casa, para hablar con vos y me encontré con Carlos. Hablamos mucho y les di mi bendición. El te da su corazón y yo bendigo ese acto.
Clara se levanta del sillón y se acerca a su hija, de la misma manera que ella lo había hecho hacía 10 años. Ana se queda quieta y ve a su madre más claramente a medida que se acerca al velador que tiene a su izquierda. 
-¿Te acordás cuando le preguntaste a papi a quién quería más, “si a mami o a mí” y papi te respondió que “Es obvio que a mami, porque a ella le entregué mi corazón”? ¿Te acordás lo que le hiciste a papi? –Clara levanta su mano llena de sangre y le entrega un algo envuelto en un repasador- ¿Te acordás lo que le hiciste a papi y lo que me diste a mí?
Ana recibe el paquete y lo desenvuelve, luego mira a su madre. Ella está inmóvil, sonriendo. Ana se queda callada unos instantes, lleva la mirada a lo que está en sus manos, deteniéndose en cada latido inexistente, en la gotera que tienen todos los relojes. Luego sube los ojos hacía su madre y le devuelve esa sonrisa cómplice de “qué-haríamos-la-una-sin-la-otra”.

*****



-Señor, necesito que me dé la orden así podemos actuar.

-Está bien, procedan.
Sinceramente, cada día me cuesta más entender cómo funcionan las personas. Hacía algunos años había ido a pasear con mi señora a Chascomús, y me encontré con un vago que cargaba un changuito con libros de filosofía y que gritaba: “Todos los hombres son asesinos, violadores y torturadores, lo único que los detiene es el miedo. Todos los hombres están completamente locos, solo lo disimular, por miedo y nada más”. En ese entonces pensé que el tipo estaba drogado o era un idiota, pero cada día me cuesta más no pensar que quizás no existe tal cosa como la moral, lo único que nos separa de esos “enfermos” que conozco día a día y que la mayoría ve en los noticieros, es que ellos no tienen miedo de mostrar el verdadero ser de los hombres. Bah, qué sé yo, solo estoy divagando.
-Gómez ¿me pasa de nuevo el diario del tipo este?
-Sí señor, disculpe que ahora esté todo rayado, marqué las partes importantes para el abogado.
-No se preocupe, está mejor así, solo quería releer ciertos párrafos.
El caso este es de esos que me hace divagar. A pesar de que llevo años viendo todo tipo de crímenes, hay algunos que no me cierran. Me cierran los pibes de la calle que salen a robar y se les escapa un tiro, me cierran los empresarios que matan a su socio por las deudas que tienen. Dirán que este es solo un caso pasional, pero solo lo dirán porque no conocieron a mi amigo del changuito. La razón tiende a colocar aspectos de la vida en algún cajón, por más que no pertenezca a él, si no tiene las herramientas necesarias para colocarlo donde debe. No, esto no es pasional, si yo mismo hable con estas dos mujeres y estaban tan tranquilas como lo está ahora mismo Gómez, comiendo un poco de la rosca de pascua que trajo la mujer de Ramírez hoy a la mañana.
Tan tranquilas estaban, de no ser por este diario nunca se me hubiese ocurrido que las cosas serían como fueron. Pero las cosas siempre serán como fueron. Acá, en Villa Fiorito y en la China, eso seguro. Gracias a dios que Carlos Fontana escribía estas cosas:
“(…) Hoy Graciela me mandó a llamar para que le dé una recorrida a las dos nuevas colegas que empiezan a trabajar en la empresa. Sinceramente no tenía muchas ganas, así que se lo dejé a Rubén, que es más bueno en ese tipo de cosas, pero después me quería matar, porque una de las dos estaba re buena. Creo que una se llama Marta García y la otra Clara Furchtlos, por lo que leí en el comunicado que nos llegó a todos al mail, pero no sé cuál es cuál (…) 
(…) Hoy no pasó nada interesante, a veces me molesta demasiado esta tarea de escribir antes de irme a la cama lo que hice durante el día, pero el doctor Melis dice que es imperante que lo haga para mejorar mi condición. En la oficina lo mismo de siempre, hablé por primera vez con Carla, la compañera nueva que es hermosa, pero no fueron más de tres palabras. Luego, en casa cené algo que Marita me había dejado preparado antes de irse y nada más. Mi vida no es tan relevante (…)
(…) Más allá de eso, hoy también tuvo una buena: Carla, que me resulta mucho más simpática que linda me invitó a ir al merendero con ella. Eso me llenó de alegría porque hasta entonces he ido solo durante años y tener compañía para tomar mates es muy agradable. Creo que al Melis le va a alegrar tanto como a mí esta noticia (…)
(…) Los días en la oficina siguen más o menos igual, lo cual es fantástico. Llego y Clara está ahí, sonriéndome, con esos ojos llenos de cariño que me hacen dar ganas de abrazarla con fuerza. Comemos, nos hacemos chistes y nos divertimos mucho. Creo que llegó del cielo para arrancarme un pedazo de mí, esa soledad que creí que tendría pegada para siempre, realmente estoy encantado con su compañía (…)”
Este Gómez subrayo todo básicamente. Hasta acá nada realmente importante, solo nombres para interrogar, pero nada que llame la atención, o todo lo contrario. Eso depende de uno ¿Cuántas veces el destino nos dedicó una sonrisa cómplice y nosotros no nos percatamos? Hay muchas señales que no vemos y que están ahí. Como si fuésemos una historia cíclica que se ha repetido eternamente y a veces hay fragmentos de historias pasadas que nos adelantan lo que sucederá, qué sé yo. Capaz Gómez no es tan boludo después de todo y come tranquilamente, y me subraya todo el diario porque tiene algo para decirme que yo no estoy viendo. Quién sabe lo qué estará detrás Gómez o de estas palabras que nos estamos perdiendo:
“(…) A veces las cosas tienen que pasar. Yo no sé por qué, pero tienen que pasar. Lo que tuvo que pasar en mi vida tiene nombre y apellido: Ana Furchtlos. Sí, la hija de Clara, que conocí en la cena de los otros días ¿Cómo puede ser que dos personas se presenten ante mí para terminar con mi vida tal cual la conocía? ¿Qué hace un hombre para merecerse semejante regalo de la vida? ¿Cuáles han sido los pasos que me han traído hasta acá? ¿Por qué me sucede esto a mí y no a otro hombre en el mundo? Sinceramente, no estoy en busca de esas preguntas. No me interesan, solo hay algo en mi cabeza, o alguien, y ese alguien es Ana, en su esplendor, en su belleza sencilla, en su sonrisa de mandarina, en sus ojos de sol naciente, en su todo. Adoro cada segundo de ella, cada vez que me empuja cuando le hago algún chiste, cada vez que me amenaza con depilarme las cejas, incluso cuando me hace bailar sabiendo que soy pésimo en eso. No sé, querido diario, o veo cómo esto puede salir mal (…)
(…) Todo mal, todo absolutamente mal. Si el doctor supiera cuánto te he descuidado seguro me mata, pero desde hace meses que no voy más a las sesiones, así que no creo que le importe mucho. Igual me has acompañado mucho, querido diario, por eso (y porque necesito desquitarme con algo) te voy a dar un resumen de estos últimos tiempos:
Como sabés, desde un inicio con Ana decidimos no contarle nada a Clara, por temor a que se enojara. Lo que no he llegado a contarte, querido diario, es que durante todo este tiempo he estado tratando de acercarme aún más a Clara, para mostrarle mi lado más humano, es decir, el más vulnerable. Pero qué idiota pensar que eso era lo correcto. Según parece, mientras más tiempo pasaba con Clara para agradarle como yerno más se ha estado enamorando de mí. El otro día en la oficina se me declaró y yo no he sabido qué decirle. Pero eso, oh querido diario mío, no es nada comparado a lo que sigue. Cuando le conté a Ana lo que sucedió, ella se ofendió conmigo y no ha querido hablarme desde entonces (…)
(…) ¡Aceptó! ¡Ana aceptó casarse conmigo! ¡Estoy tan feliz, querido diario! Por fin todo salió como lo vengo planeando, pero lamentablemente las cosas no están del todo resueltas, debemos blanquear de una buena vez nuestra relación con Clara, si es que queremos que nos dé su bendita bendición (…)
(…) Bueno, en realidad era bastante obvio. Lo que asusta a Ana no es que su madre se haya puesto como se puso en el restaurant cuando le contamos la noticia, sino que haya desaparecido completamente. Al trabajo no va, por su casa ni aparece y tampoco responde a su celular (…)”
Más vale que Gómez sea una especie de sabio que bajó de las montañas para mostrarme el camino correcto o algo así, si no lo mando a lavar el baño de afuera por pelotudo. Es por su señora, todo el día mirando esas telenovelas romanticonas, se nos hizo maricón el gordo. Qué carajo le irá a importar al abogado todo el detalle del culebrón que vivió este tipo con las dos mujeres, ni que fuera qué sé yo. Sinceramente, “qué sé yo”, si lo único que hago es estar en esta oficina y ver cuerpos llenos de melancolía. ¡Ja! Y después de quejo de Gómez y del tipo que escribía en este diario:
“(…) Ana no lo sabe, pero Clara me llamó hoy a la tarde. Quiere que nos juntemos en su casa para hablar. Me dijo que le costó, pero acepta que me case con Ana, lo cual me saca un gran peso de encima. Aún no sé dónde se metió todo este tiempo, pero imagino que mañana cuando nos juntemos me lo dirá. En fin, si todo sale como parece, si Clara acepta nuestra relación realmente y puedo casarme con la mujer que amo, entonces será el fin de esta vida y comenzará una nueva junto a Ana, lo que significa que ya no necesitaré más de tu compañía, querido diario. Realmente aprecio todo lo que has hecho por mí y aunque parezca ridículo, también hay un poco de mi corazón que te pertenece. Hasta acá llegó Carlos Javier Fontana.”
-Todo listo señor, Clara Furchtlos y su hija, Ana Furchtlos, ya admitieron el asesinato y el encubrimiento de Carlos Fontana.
-¿La hija también fue parte?
-Solo del encubrimiento, señor, pero sucede algo más.
-¿Qué cosa?
-Como bien imaginábamos, lo único que faltaba del cuerpo de Fontana, su corazón, estaba en un recipiente guardado, pero no solo encontramos eso, también descubrimos otro recipiente, que según confesaron, contendría el corazón del esposo y padre de ellas Luis Furchtlos. Aunque ahora se lo llevo al laboratorio a analizar, estuvimos buscando en el archivo y ambas muertes, la de Fontana y Furchtlos coinciden en lo absoluto. Lo curioso es que quien cometió el asesinato fue su hija, Ana y su madre solo lo encubrió. Todavía estamos investigando si eso es cierto o si solo lo dicen para ser juzgadas por los mismos cargos.
Sinceramente, cada día me cuesta más entender cómo funcionan las personas. Será que siempre estuve solo, que falte a la clase de conducta social. Será que fui el único que fue a la clase de moral, no tengo ni idea. Algunas personas me siguen asombrando por su forma de ser, por cómo actúan frente a diferentes circunstancias. Seguramente donde hay algo verde todos vemos eso verde, lo que quizás cambie sea el concepto “verde”, la forma de ver las cosas. Uno siempre se entera de algún loco con una bomba que quiere “limpiar al mundo” y lo dice con tanta tranquilidad, como si estuviese confiado de que ese es el camino correcto. Gómez me mira y se sonríe, como si estuviese leyendo mis pensamientos y se burlara de su precariedad. Quizás el tiene todas las respuestas que me faltan y se ríe amablemente, para calmarme, para decirme que no le dé tantas vueltas al asunto, qué sé yo.

-¿De qué te reís, gordo pelotudo?

*****

domingo, 5 de mayo de 2013

Un pedazo del mismo cielo.

—¿Puedo volver a verte? —me preguntó.
Su voz sonó nerviosa, y me pareció entrañable.
—Claro —le contesté sonriendo.
—¿Mañana? —me preguntó.
—Paciencia, saltamontes —le aconsejé—. No querrás parecer ansioso…
—No, por eso te he dicho mañana —me contestó—. Quisiera volver a verte hoy mismo, pero estoy dispuesto a esperar toda la noche y buena parte de mañana.

sábado, 23 de marzo de 2013

Alguna consideración

"Estoy en contra de estar en contra de los que están en contra de estar en contra". Hace unos días me levanté con esa frase dando vueltas en mi cabeza. Obviamente mi limitado intelecto tardo en conectar esa frase, que claramente llegaba en auxilio a eso que me venía perturbando, con una idea clara. Hace un tiempo escribí un ensayo exponiendo algunos de mis pensamientos e inquietudes. Curiosamente, fue de agrado o de desagrado para dos grupos muy distinguidos, aquellos no tan movilizados y los que más lo hacen.
Los chistes no se deben explicar, los ensayos tampoco. A no ser, claro, que se los haya expuesto de manera muy rudimental, que es lo mas común en mis escritos. Debo despojarme de toda filosofía barata y zapatos de goma para llegar más directamente a usted, lector, si acaso he fallado en anteriores oportunidades (y lo he hecho).
Mantengo mi postura de que no importa la bandera que llevás, si esta tapa tu visión, solo podés fracasar. El problema radica en lo que la lectura rápida genera de esto, la vaguedad. La solución no es no cargar ninguna bandera. Cosas como no deber atacar a mujeres, no consumir sexo pago, no consumir carne de cualquier ser vivo con sistema nervioso, o mas abarcativamente, la tolerancia, son obligatorias para poder llegar a un mundo mejor.
Cierto, es muy fácil criticar a los que no hicieron nada en la dictadura, o condenar o aceptar conductas siempre que pasen puertas afuera; pero mas fácil sigue siendo no hacer nada.
Que en mis escritos "ataque" más seguido a los que están en movimiento responde a la cercanía con la que me siento a ellos, a pesar de estar del otro lado del río. Pues si cruzarlo es un reto, volver a hacerlo representa uno mayor.
La vida son círculos, alejar y colocarse directamente enfrente de los estáticos es apenas la mitad del camino.
En otros escritos he pedido no ser considerado como un pesimista y creí haber conseguido demostrar el por qué no, pero lamentablemente parece que el mensaje que dejo es "no hagas nada" (bastante pesimista ¿no?). Lo que quiero hacerles llegar, mis palabras apuntan a que aquellos que están en movimiento consideren su trabajo como incompleto, como perfectible, y definitivamente, aquellos cómodos en su mundo, que comiencen ya a actuar.

martes, 19 de marzo de 2013

Calambres en el alma.

-Sé que me va a reventar las pelotas, sé cómo va a maniobrar y que me va a quemar los pelos, así que voy a serle directo.
-Adelante.
-Voy a contarle yo mis problemas y no esperar a que usted trate de descifrarlos de manera arrogante esperando que yo lo alabe por cosas que ya se pero valen más si salen de la boca de otros.
-¿Me permite hacerle una pregunta?
-No. Sé lo que me va a preguntar y la respuesta es por imposición. Recuerde, si sigue su método establecido como las telenovelas, para atraparme y así seguir viniendo sesión tras sesión le va a ir mal. Ahora se va a quedar quieto y me va a escuchar. Son varios los problemas que tengo, pero en esta oportunidad solo le diré algunos. Arranquemos con que todo me llega antes de estar preparado y definitivamente me tumba. También que me cuesta muchísimo mantener el equilibrio cuando las cosas andan bien. No sé si quedarme en el molde o actuar ferozmente. Y el peor de los problemas es que he llegado al punto de fastidiar a todos mis seres amados al punto del que ya no quieren oír mis penas.
-Lo que nos trae hasta aquí.
-Correcto.
-¿Qué tan consciente es usted de que soy parte de su mente?
-Lo suficiente como para poder tratarlo como lo vengo haciendo desde hace un rato.
-¿Quiere un consejo? Pues definitivamente este texto es para que alguien, en cualquier parte del mundo venga a su socorro.
-Bueno, dele.
-Váyase a leer un poco y vuelva recién cuando tenga una historia que valga la pena leer.
-Lo detesto.
-SE detesta.

viernes, 8 de marzo de 2013

¿Por qué flores y bombones sí?

Porque siguen golpeando y matando mujeres. Porque a pesar de que ahora sale mucho en los diarios, ésto no es algo que empezó hace dos o tres años, sólo está de moda hablar al respecto en estos días, pero la cosa viene ininterrumpidamente desde el origen de los tiempos.
Entonces ¿por qué flores y bombones sí? Por eso mismo, nada más.
Si se han tomado el tiempo de leerme lo sabrán de antemano, si no, les anticipo ahora, sueno pesimista. No veo en la historia de la sociedad (término que odio tanto y explicaré más adelante por qué) occidental nada más que un camino a nuestro fin y el de muchas otras especies vivientes. Por eso voy a ofender, y de no querer ser ofendidos, mejor dejen de leer ahora.
Soy de los que piensan que las personas saben cuál es la forma de obrar bien, pero no tienen ganas de hacerlo. Desde saber que no deben tirar papeles al piso, hasta saber que matar está mal. Y de los dos extremos que mencioné, ni ustedes ni yo estamos limpios. Y aún así, continuamos ejerciendo nuestro rol de humanos occidentales con total tranquilidad.
Soy de los que piensan que las ideas son fácilmente contaminadas por nuestras palabras y acciones. Y soy de los que piensan que todos mantenemos girando y girando a la rueda del odio.
Estos tres pensamientos pueden ayudar a entender un poco lo que les quiero decir. Es cierto que existen muchas personas que, por su cultura o su educación, no comprenden todos los aspectos del bien y el mal. Curioso es que no creo que existan muchas personas de la cultura occidental (mas un poco menos de la cultura oriental) que realmente lo conozca. Lejos de cualquier iluminismo y mas cerca de la contradicción que en cualquier otro día del año me encuentro ahora, exponiendo una teoría.
Previamente me referí al término "sociedad" con un grado de desprecio, pues suelo escucharlo constantemente cada vez que alguien quiere atacar su casa, pero negándose toda conexión con ella. Recuerden cada vez que han oído ese término en alguna conversación y les será muy fácil reconocer como la persona que lo dice, lo hace como si viniese del espacio, como si acaso fuese único entre los seres humanos y se encontrara libre de toda acusación. "En esta sociedad todos se matan, todos roban (menos yo)". "Esta sociedad es una mierda, nadie quiere progresar (menos yo)". Y pensar que solo es una palabra.
Las palabras son acciones, solo un tonto las negaría. Hablar es un acto, hablar es hacer, así que no traten de diferenciarlos. Por eso digo que las ideas, en su forma más platónica si se quiere, en alguna parte del recorrido, se contaminan, se pudren con nuestras palabras ¿Cómo los conceptos de compartir y de comunidad nos son tan hermosos y la palabra "comunismo" distancia a más de la mitad de las personas? Pues porque en algún momento, esa idea abstracta tan perfecta, pero tan débil (como todas las ideas), fue corrompida. Obviamente, Stalin tuvo mucho que ver al respecto, es cierto, pero no me quiero poner demasiado histórico en ese sentido.
En algún texto anterior consideraba necesario, por la naturaleza del hombre a no querer actuar correctamente, alguna fuerza dictatorial que obre por la paz, el amor y el entendimiento, pues, así como dejar de fumar es muy difícil por mas propaganda que muestre pulmones perforados, nuestra sociedad occidental está enviciada con muchos otros males que solo podría dejar de consumir a la fuerza. Es cierto, "dictadura" es mala palabra en nuestro país, pero creo que entendieron la diferencia entre mi dictador justo y noble y aquellos que hemos tenido nosotros. Aun así, como bien escribí en ese antiguo texto, sería un error que alguien nos obligue a ser justos, buenos y tolerantes. Ya se intentó -y lo acaban de leer-, el "comunismo" distancia a las personas por sus palabras más que por su idea.
¿Cuál es el problema? Bueno, acaban de leerlo, la imposición. Nos quejamos de los españoles que vinieron a "civilizarnos", cuando ellos sinceramente creían estar siguiendo un buen camino, y aun hoy seguimos tratando de imponer nuestro pensamiento sobre los demás. Veo constantemente fotos de compañeros vegetarianos atacando a aquellos que, además, consumen carne. Y ese "además" es fundamental, pues se los considera carnívoros, cuando en realidad son omnívoros. Y no es un error inocente, pues desde pequeños, viendo algún canal sobre el reino animal, nos ponemos del lado de la cebra, que corre por su vida, que del tigre que intenta devorarla, en un simple acto natural. Veo compañeros de distintas orientaciones sexuales hacer marchas donde incluyen a todos menos a mí, un impuro heterosexual. Marchas sobre el amor y la aceptación, las cuales no me excluyen directamente por no pertenecer a sus orientaciones, pero definitivamente no me invitan en su bandera. O veo compañeros feministas, que acusan a los hombres de ser seres trastornados que golpean porque sí. Y no, no es porque sí.
Dije antes, que todos hacemos girar la rueda del odio. No creo necesario defender la postura de que la energía se transforma. Desde pequeños, desde las burlas del jardín, vamos generando inseguridades en futuros hombres golpeadores y mujeres justificadoras de esos golpes. Cada insulto que hemos dado, cada ataque de soberbia, de instigación que hemos dado es parte de esa bofetada que esta recibiendo una mujer en este mismo instante. Gordos, enanos, pelados, pito cortos, tablas de planchar, ignorantes, buenos para nada, maricones, chetos, pobres y más. Todas palabras, que hacen que mujeres y hombres se sientan inseguros, débiles, atacados. Y la energía se transforma. Y el miedo no nos hace enfrentar al verdadero atacante. Y volvemos a casa, impotentes de la vida de mierda que tenemos y nos la desquitamos con nuestra mujer. Y estamos en casa, resignadas a no merecer nada mejor y nos aguantamos los golpes de nuestros maridos.
Esto lo he dicho en alguna oportunidad, en algún encuentro sobre violencia de genero y sé que cuesta horrores admitirlo, pues es mas fácil decir "la sociedad desde niños te obliga a menospreciar a las mujeres y sigue así, la sociedad, con la policía y las leyes denigrando a las mujeres". Y sí, es cierto eso, pero recuerden que nosotros somos parte de esa sociedad, sociedad que no va a cambiar mientras nosotros sigamos arruinando hermosas ideas, con mensajes horribles.
Entonces ¿por qué flores y bombones sí? Pues porque voy a dártelos y vos de un manotazo los vas a tirar al piso, y enojada me vas a decir que los hombres solo recordamos este día y luego volvemos a golpearlas como si nada, y yo voy a mirarte, a sonreírte  a agacharme para recoger lo caído y a volver a ofrecértelo  las veces que sea necesario. Pues todo mensaje, hasta los que llevan las mejores intenciones, se pierden en el odio, en el resentimiento. Y es cierto, yo todavía no tengo las herramientas para perdonar a torturadores y violadores, pero estoy intentándolo  Y es cierto, y se los advertí, el texto entero es una contradicción, pues acá estoy yo, intentando imponer una idea sobre cómo cambiar el mundo, siendo esa idea dejar de imponer por la fuerza generada por el odio y la resignación hacia los males de esta tierra.
Entonces ¿por qué flores y bombones sí? Porque no encuentro otra cosa mejor, pues porque si alguien me viene a atacar solo puedo darle un abrazo lo suficientemente fuerte como para que no pueda usar sus armas, pues mi muerte será necesaria, para evitar cometer el error de Platon, resentido por la muerte de su maestro, aquél que no trató de imponer ningún conocimiento. Será una prueba de que podemos dejar atrás todas nuestras ganas de demostrar nuestro nivel sobre otros seres "incivilizados", dejar de colonizar culturas subdesarrolladas y enfocarnos en seguir creciendo como individuos de amor, pues pienso que cambiar el mundo evolucionando individualmente es menos imposible que tratar de hacerlo, tratando de que todos alcancen el nivel que yo considero al día de la fecha como óptimo. Sé que no será tan fácil, ni definitivamente rápido, pero venimos como 6000 años usando un método que definitivamente no funciona y nos lleva a las guerras, podríamos tratar de copiar a las culturas que se enfocan en su paz y su armonía. Pues no significa ser egoístas y "salvarnos a nosotros mismos", sino todo lo contrario, pues parte de mejorar como persona conlleva ayudar a los demás. Quiero imaginarme que si algunas personas lo intentan y se empiezan a llenar de paz, despertará la curiosidad de otras, que preguntaran cómo se consiguió eso y solo así responder cuál ha sido el método y dejar ya de tratar de imponerlo.
Entonces, una vez más ¿por qué flores y bombones sí? Porque espero poder contagiar el amor.

Feliz día hermosuras, ojalá y solo ojalá, le encontremos la vuelta al amor.

domingo, 3 de marzo de 2013

Canción demoledora

Termino cortándose con unas cuerdas oxidadas
Desafió al cuento del por qué
Se enamoró y juró ser perdonada
Por algo que nunca fue

Y si lo ves
No tiene sentido explicarlo
Tu risa esta de mi lado
Solo el tiempo nos separa
Y si lo ves
Es porque esto esta pasando
Se están pegando los pedazos
Un buen tiempo nos depara
Es mi risa enamorada
Tu muralla derrumbada
Y mi pena
Y tu orgullo
Tus heridas
Ya soy tuyo

No
hay
nada
en
el
mundo
que
haga
que
piense
que
esto
puede
salir
mal.

sábado, 16 de febrero de 2013

Muñoz del Campo y yo.

"Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel".

Quiero usar ese fragmento de un relato de dos paginas de Borges para contarles de la misma manera, que yo no les debo más nada a nadie, ni a Gerardo Muñoz del Campo, persona tan diferente a mí como lo puede ser cualquier otro. Querría poder relatar uno por uno los puntos que me quedaban pendientes, los económicos, los ociosos, los literarios, los románticos y explicar todas las molestias que me he tomado para ir cerrándolos y así poder no-huir, sino irme en buenos términos  Lamentablemente no puedo, pues cuando ya no siento el peso de esa horrible montaña, que son las deudas, viene rememorándose esa cosa que vengo y vengo arrastrando. Es cierto, son varias las cosas que uno deja inconclusas. Es cierto, no estamos hechos para irnos con las manos vacías, debemos irnos con deudas que nos obliguen a regresar. Cortazar dice que cada libro es uno menos a esa meta que en realidad nunca se llega, pues se muere antes. Esa es nuestra seguridad de que, en años mas o años menos, volveremos a pagar y generar deudas.
Sí, es cierto, pero uno tiene algunas metas que se pone, algunas deudas que se dice, estas sí las debo pagar en esta vida. Y yo me puse varias. Y hace poco creí  haberlas pagado a todas. Pero me confundí.
Es cierto, las deudas son puras ilusiones, esa montaña solo existe porque nosotros pensamos que existe. Nuestros padres se rompen el cuello para darnos un bienestar económico que creen necesario y nos descuidan sentimentalmente y nosotros, luego de poder ver que el dinero no nos dio ninguna felicidad, volvemos a cometer el mismo error con nuestros hijos, convencidos de que esa es la clave. Hay algo curioso (hay muchas cosas curiosas en realidad, por algo tengo mi modesto nivel de fantasía dentro) en nuestra mente, en la humanidad. Es cierto, Gerardo morirá sin haberse sentido cómodo o familiarizado con los hombres y mujeres de estos tiempos. También es cierto que ni Gerardo ni yo somos personas realmente extraordinarias, más aún, tenemos un grado considerable de predictibilidad. No así, nos hemos visto en varias oportunidades criticando o maravillándonos con las actitudes humanas que incluso formaban parte de nuestra personalidad. No importa si nos resulta ajeno, cómico, o fantástico la creación tan innecesaria del concepto de deudas, ellas están y nos pesan. Yo creí que ya había terminado con ellas, pero aún siguen, por lo menos una.
Una lastima, usaremos esa hermosa frase para despedirnos en otra ocasión  cuando considere yo que mis deudas con ustedes, incluyéndolo a Gerardo, están saldadas. Por lo menos por esta vida.

domingo, 3 de febrero de 2013

Vale, me apunto.

Los que se llevan las playeras a Aereoparque y miran los aviones,
los que comen choclo en la playa,
los que se clavan una sandia con vino y van a la pileta,
los que bailan hasta que volvemos al Sol.

Es imposible imaginarselo,
con tanta gente aca elevando misterios,
todos estos años de esa gente
y de mi.

Sí, sigo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Inspirado en una historia real.

No existen historias reales, ninguna. Solo es instante es real, todo lo demás, el recuerdo inmediato, la narración posterior de los hechos, incluso la fotografía del paisaje, es ficción  Todo se hace fantasía cuando se filtra por los agujeros diminutos que hay en el centro de mis ojos y todo sale fantástico cuando lo expulso de cualquier manera. Sabiendo eso, te podrás despegar un poco del intento de contar la verdad sobre vos y tus actos, dado que jamás dirás la verdad. Posiblemente no lo aceptes y estés en contra de la gente como yo, que, constantemente, cuenta historias diferentes sobre su pasado, las retuerce, las modifica a su gusto y conveniencia y las libera con la mayor cantidad de detalles posibles, haciendo imposible al receptor tratar de descubrir cual de todas las rutas que he dicho tomar, me han traído hasta este lugar...

Hoy mismo, primero de Febrero de dos-mil-trece, me subí a mi moto (a la que llamaremos Dulce Tres Nocturno por su patente DTN), y me puse a pasear por la ciudad, quizás para festejar el final de Olavarria por estos días  Crucé las calles, las avenidas y las plazas, llenas de calor y de ese aire que me es tan distante.  Miraba a las parejas caminando como lo vengo haciendo desde hace rato, volteaba rápido la mirada para ojear la cola de alguna que otra chica mientras cantaba Dos dias en la vida de Fito Paez. No pasaba mucho más, cuando de repente se me dio por ir a un lugar al que evitó ir tanto como siento ganas de pasar a ver, a buscar un auto, una camioneta, algo que me dé señales de vida. Me costo, pero fui y no encontré nada.
Nadie sabe qué fue lo que le decía a Forest Gump para que siguiera corriendo, para que llegara un poco y un poco más en su ruta, tampoco sé qué (ni quién) me dijo a mí que siguiera avanzando, pero lo hice, me fui más lejos aún, agarre la avenida Avellaneda y solo acelere. No sabía qué era lo que quería alcanzar o de lo qué me quería alejar, solo aceleraba, cruzaba autos, motos, bicicletas, semáforos, hasta la rotonda que tiene un origami gigante con forma de vaca, y ahí me detuve.
Hay en las películas varias escenas de gente que llega al limite de sus pasos, el mio se notaba claramente porque en ese punto el asfalto terminaba y comenzaba el camino de tierra. La duda duro unos instantes, pero no valdría la pena contarles una historia de cómo hice algunos kilómetros y me volví a casa, así que es obvio decir que seguí avanzando. Creo que avancé demasiado, porque en un instante estaba en Rocha, manejando la moto china del alemán  tratando de no caerme con todos los pozos, el barro y los charcos que dejaba la lluvia de la semana. Yo estaba ahí  la ruta estaba ahí  el viejo y su señora, las vacas, todos me miraban sonriendo, pues había vuelto, a escuchar sus historias, a entender su lenguaje y a recibir sus obsequios. Las lechuzas giraban la cabeza para preguntarme qué me había pasado que me había ausentado tanto. Las cotorras volaban haciendo dibujos en el cielo. Incluso las serpientes que cruzaban el camino con algún roedor en su boca frenaban emocionadas al verme. Creo que avancé demasiado, porque en un instante estaba en un miércoles diecisiete de Agosto de dos-mil-diez, con una copia de Natalia de Pablo Azocar, una lagrima de silicona, un papel y una lapicera Bic azul. Y a cada roca le pedía permiso antes de pasar por arriba de ella, y a cada yuyo le devolvía el gesto de agachar la cabeza para saludar. Creo que avancé demasiado, pues de nuevo estaba en mi camino, en este día  en esa hora, abismado por una enorme mariposa negra que brotaba de mi pecho y se extinguía en el aire, dejándome totalmente vacío  para que solo quede espacio a lo que importa.
Me gustaría poder continuar esta historia, pero no la sé. Me gustaría poder decirles que el chico recuperó a su amor y fue feliz de una buena vez, pero sería mentira. También lo sería decirles que no lo consiguió ¿El mañana? El mañana es esa caja verde donde tengo algunos discos, pero nunca se cuales están ahí. El mañana es asombroso, pero no es tiempo de preocuparse por eso, quizás mañana lo sea.

domingo, 20 de enero de 2013

¿Por que escribo como escribo?


Sigo debiendo esos tres textos, quizas por siempre.

¿Por que escribo como escribo?

yo escribo asi, sin tildes ni refuerzos
para mostrarte en la cara
en tu cara de preocupaciones
mas problemas incitantes
y a ver que es lo que haces
resignado en entender
que esta vida es tan errante

yo escribo asi, sobre amores pasajeros
porque la vida no es eterna
y en cinco minutos se te muere Manuel
Manuel, Manuel, Manuel
y entonces que otra cosa queda
que repetir despedidas
para entender a querer

yo escribo asi, como sereno fantastico
como vivo mi vida, con los pies en la cabeza
pues mi ermitaño corazon
me ha poblado de ideas
ideas o mentiras
que es lo lindo de la vida
o yo lo entiendo de esa manera

yo escribo asi, lleno de alma y de trampas
lleno de amor y de vida
lleno de ganas de enamorarte
pero no de mi tonto ejemplo
ni tampoco de las palabras
que mucho abarcan y si...
ni tampoco de las acciones
que pocas veces se traducen bien
algo que esta mas adentro
que seguro aun no podes ver
que quizas nunca puedas ver
pero que posiblemente hayas leido alguna vez

yo no escribo para enseñarte nada
yo no quiero que me vuelvas a leer
yo me escribo a mi mismo
y esa es la principal razon
de por que escribo como escribo